Domíname.
Eduardo.
Había esperado tanto para verla, tanto para sentirla, está feliz, pues, por fin, podía salir con ella y tomarla de la mano, sin temor.
Todo iba tan bien, hasta que volvió del baño. Algo había pasado y debía averiguarlo.
Así que de frente pedí que me hablara, ella estaba renuente a hacerlo, pero al final conseguí que lo hiciera.
—Dahiana, ¿qué te dijo?—pregunté ya preocupado.
Georgina fue uno de mis amantes años atrás; en esa época aún estaba descubriendo mi gusto por la dominación.
Ell