Confiar.
Dahiana lanzó a un lado su braga, ante la mirada penetrante de Eduardo.
—Dame placer—susurró Dahiana con voz seductora.
Sin más, se sentó en el miembro de Eduardo, siendo penetrada de una sola estocada.
Ella tenía todo el control, sus caderas subían y bajaban en un lento movimiento.
**
Dahiana.
Perdida en el placer, olvidando todo mi alrededor, solo éramos él, yo y el placer que sentimos.
Mis caderas subían y bajaban, mientras que los gemidos y jadeos resonaban en aquella habitación.
—Te amo —s