Confiar.

Dahiana lanzó a un lado su braga, ante la mirada penetrante de Eduardo.

—Dame placer—susurró Dahiana con voz seductora.

Sin más, se sentó en el miembro de Eduardo, siendo penetrada de una sola estocada.

Ella tenía todo el control, sus caderas subían y bajaban en un lento movimiento.

**

Dahiana.

Perdida en el placer, olvidando todo mi alrededor, solo éramos él, yo y el placer que sentimos.

Mis caderas subían y bajaban, mientras que los gemidos y jadeos resonaban en aquella habitación.

—Te amo —susurró.

—Eduardo—gemí, liberándome en un placentero orgasmo.

Pero no me detuve, continué moviendo mis caderas hasta que él se liberó.

Sentía las rodillas temblorosas, pero como pude me levanté de sus piernas y solté sus manos. Sabía que no había sido suficiente, así que solté la risa cuando sentí que estaba siendo alzada como un bulto de papa.

Él me dejó caer sobre la cama y, como una fiera hambrienta, se lanzó sobre mí.

Su boca besó desde mi cuello hasta la punta de mis dedos.

Sin darme cuenta,
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