Alex se pasea de un lado a otro con la cabeza gacha, claramente frustrado por acceder a hacer lo que ella le pide. Se pasa una mano por el pelo, mostrando su irritación.
– Bien, entonces iremos a Nueva York y, cuando volvamos, puedes llamarlos aquí y yo haré lo que tú quieras. – Alex apenas puede creer lo que está haciendo. Odia no poder decirle que no, incluso cuando se trata de cosas absurdas.
– No voy a ir, Alex. Acepta que no puedo hacerlo. Tengo compromisos que cumplir, ¡y no puedo abandon