Permanecen observando el paisaje en silencio durante varios minutos. En ese momento, parece que las palabras les han abandonado y no saben qué decirse el uno al otro.
– Háblame de ti. – Pregunta Rebecca, rompiendo el silencio.
– No quiero, porque tú no me hablas de tu vida. – Le replica él.
– Déjalo, ¿por qué debería hablar? Ya sabes todo sobre mi vida.
– En realidad, solo sabía tu nombre, número de teléfono y edad. Datos de tu registro en el hotel que gentilmente obtuve de las recepcionistas.