En la mañana siguiente, Rebecca despierta con un desayuno sustancioso. Se estira en la cama, encontrándose con la mirada afectuosa de Alex.
– Buenos días, perezosa. – Saluda Alex, depositando un beso cariñoso en su frente. – ¿Cómo estás?
– Siempre estoy bien a tu lado. ¿Causé muchos problemas anoche?
– En realidad, casi nada, solo me pediste que te diera un hijo. – Responde con seriedad, provocando una reacción sorprendida en Rebecca, que se atraganta con el jugo, iniciando una breve tos. Alex