CARLOS.
No teníamos que irnos, era fin de semana, ninguno tenía compromisos al día siguiente, o al menos, creí que ella no, pero no me gustó ver esas llamadas perdidas. Parece algo loco, pero me sentía solo.
A esa hora no podía contactar a Meléndez. Tampoco lo haría con Nancy. Se me hizo mucho más fácil girarme hacia esa preciosa mujer completamente desnuda compartiendo edredones blancos conmigo.
Al cabo de unos minutos, en medio de mis movimientos, se removió, despertándose.
Alcé la cabeza y l