Punto de vista de Mateo
La habitación estaba en silencio, salvo por el suave zumbido de mi portátil. Llevaba sentada aquí lo que parecieron horas, revisando mensajes, escribiendo y borrando a toda velocidad.
Mis pensamientos volvían una y otra vez a Julio, a su repentina irrupción en mi habitación, a su preocupación y a cómo se le suavizaron los ojos cuando le dije que estaba bien.
Odiaba que se preocupara tanto; se suponía que a nadie le importaba, pero ella sí.
Por alguna razón, atribuía eso