CAPITULO 38: NO LLORES, NO VALE LA PENA.
Nunca en su vida algo la había incomodado tanto como aquella situación que se estaba desarrollando frente a él.
—¿Qué es lo que pretendes, madre? — Le preguntó él, con tono salido de Casillas. — ¿A qué diablos estás jugando conmigo?
—No sé a qué te refieres, no estoy jugando absolutamente a nada.
Se defendió ella y se acercó a la nevera. Sacó de allí una botella de vino y le sirvió después de descorcharlo una Copa repleta casi al desparramarse.
Él la tom