Capítulo 48: Incertidumbre.
Piero decidió subir detrás de la ambulancia, apretó con fuerza sus manos, tanto que los nudillos se le pusieron blancos, mientras avanzaban por el laberinto de calles de la ciudad.
A su lado, Alexander iba en la camilla con la respiración entrecortada y agitada. Él le tomó la mano mientras no le dejaba de hablar.
—No puedes irte Alexander, debes quedarte con nosotros, tus hijos te necesitan —murmuró Piero más para sí mismo que para el hombre inconsciente que estaba delante de él.
Cogió su móv