Frederick King observaba su reloj con impaciencia, sentado en su oficina, rodeado de opulencia y poder. Su gesto severo no dejaba lugar a dudas: estaba esperando respuestas. Aquella mujer, Ambar Herdenson, había irrumpido en la vida de su hijo Axel de forma inesperada, y Frederick no se fiaba ni un poco de ella. Tenía algo en su mirada que lo inquietaba, algo que le hacía sospechar que no era digna de su hijo ni del legado de los King.
Con un gesto calculado, hizo una señal para que su asistent