Ambar
Mis latidos resonaban en mis oídos cuando Axel se acercó aún más, su rostro tan cerca del mío que podía sentir su respiración contra mi piel. No sabía qué hacer. Una parte de mí quería retroceder, poner distancia entre nosotros, pero la otra parte, la que todavía recordaba lo que sentíamos, me obligaba a quedarme en mi lugar, paralizada.
Sus ojos, oscuros y llenos de una determinación que nunca antes había visto, se posaron en mis labios. El momento se volvió pesado, como si el tiempo mis