Cuando llega a la mansión Ferrer hay más de veinte vehículos pertenecientes a la policía rodeando el lugar.
El entra sin pedir permiso cuando más de veinte detectives suben las escaleras apuntando con sus armas como si su madre fuese una criminal de alta peligrosidad.
—¿Qué payasada es esta?— pregunta el, pretendiendo subir también.
—Cálmate, esto es solo una confusión.— Susurra casi sin aliento Alma, que es incondicional para su esposo, así el ni siquiera voltee a verla.
—Señor si obstruye el o