― Tú eres solo mía.
Nohemi sintió cómo su piel se erizaba, cada poro de su cuerpo se brotó como una flor bajo el rocío matutino, tuvo tanto miedo como expectativas, después de todo, a pesar de los días pasados, todos los roces y besos que se dieron fueron bastante inocentes.
Pero en ese momento… había una oscura amenaza allí.
Los ojos de Zeke parecían retarla, como si esperara que ella le dijera que no; sin embargo, la pelirroja sabía muy bien que él tenía razón.
Ante el silencio, el hombre inc