Ambos alcanzaron el orgasmo casi al mismo tiempo; una vez que los espasmos de Nohemi apretaron su polla Zeke no pudo contenerse más, la siguió ciegamente hasta el borde del precipicio y saltó.
Se derramó en su interior con un jadeo ronco, se movió solo un poco más y luego se dejó ir hacia adelante, apoyando parte de su peso en un brazo, mirando a la mujer desnuda debajo de él, con su larga cabellera roja extendida sobre la cama y su espalda, en una composición sensual que avivó más su deseo.
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