«Esto es una locura» se dio cuenta de su propio tren de pensamientos, sorprendiéndose del cambio tan radical que ocurrió con su personalidad.
Cuando el auto se detuvo, el chofer se bajó de inmediato para abrirles la puerta. Se posicionó de espalda a la ventana, para darles privacidad.
―¿Quieres caminar? ―le preguntó en un susurro―. Puedo cargarte si lo deseas.
―No, no es necesario ―respondió la pelirroja―. Puedo caminar. ―Pero aun así no se movió
―Está bien ―aceptó Zeke, decidió quedarse inmóvi