Al principio, Nohemi no registró lo que sucedía, su cerebro se detuvo, sus pensamientos quedaron en blanco y sus labios se movieron por puro instinto.
El beso estaba lleno de ternura, fue delicado, suave, incluso un poco dulce e inocente; fue como si estuviese besando por primera vez a alguien. A pesar de lo cálido y afable que era Zeke, los corazones de ambos palpitaban de manera violenta, haciendo eco en el pecho del otro, sincronizándose con naturalidad.
Pero a medida que pasó el tiempo, él