―Ya que estás listo, ¿podemos hablar?
La voz de Nohemi rompió el embrujo, Zeke tragó saliva y apretó las mandíbulas. Se sentó al borde de la cama, le dio un golpecito al colchón, invitando a la pelirroja a sentarse a su lado. Ella lo hizo, estaba tan cerca que sus piernas se tocaban, y el perfume natural de Nohemi lo embriagaba.
Él tomó un par de inspiraciones para poder concentrarse, el tema no era tan malo en sí, sin embargo, Zeke temía que las implicaciones del mismo solo sirviesen para alim