—Hola —dijo Vivian con torpeza, preguntándose quién era.
—Bueno, hola a usted también, señorita Sánchez.
Vivian no estaba segura de qué voz esperaba oír, pero desde luego no era la voz grave y barítona que había escuchado al otro lado de la línea. Incluso sin que se presentara, supo exactamente quién era y un escalofrío le recorrió la espalda.
—Soy Scott McCall —continuó.
Vivian negó con la cabeza, intentando concentrarse. —Bueno… ehhh… sí… yo… ehhh… me di cuenta. Buenas tardes, señor —dijo ner