—¿Quieres…? —Se interrumpió. Dios, estaba tentando a la suerte. Por su explicación, intuyó que no compartía esa parte de sí mismo con mucha gente.
No encajaba con la imagen de magnate despiadado. Pero en ese momento, quería ver sus dedos hábiles y talentosos volar sobre las cuerdas. Ser testigo de cómo extraía hermosa música de ese instrumento. Verlo bajar esa maldita barrera y dejarla entrar. —¿Tocarías para mí?
Él la miró fijamente, y su corazón latía con fuerza contra sus costillas. Finalmen