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—No diría que estoy feliz —respondió Scott—, pero me alivia un poco que nadie te dé motivos para dejarme. Sería terrible si lo hicieras.

Le dedicó una sonrisa, y como ella seguía sin decir nada, se acercó. —Parecías molesta cuando te vi salir del ascensor. ¿Qué te pasa?

Vivian negó con la cabeza. —Nada —mintió, pero él no se dejó engañar. Cruzó la habitación y se colocó detrás de su escritorio para levantarla de la silla. Se sentó en ella y ella se dejó llevar hasta que quedó sentada en su rega
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