—Oh… emm… solo quería avisarle que me iba y asegurarme de que no necesitaba nada más —tartamudeó ella.
Él asintió. —Oh, está bien. Estoy bien. Puede irse. Buenas noches, señorita Sánchez.
—Buenas noches, señor McCall —respondió Vivian y se dio la vuelta para marcharse.
—Señorita Sánchez —la llamó Scott, y Vivian se giró de nuevo, con las manos en el pomo de la puerta—. Lo hizo muy bien en su primer día. Muy bien.
Vivian sonrió tímidamente, esperando que él no viera lo rojas que se le habían pue