20. LA PÉRDIDA MÁS GRANDE
REYNOLDS:
La voz profunda del alfa Lirión todavía resonaba en mis oídos, quemando cada rincón de mi mente. “Estas tierras serán mías y ella también”. Gruñí, sintiendo el ardor rabioso de Ragnar inundar cada fibra de mi ser. Apreté los dientes, enfocándome en el presente. Si me dejaba llevar por mi furia, actuaría sin sentido, y aquí nada podía dejarse al azar. Cada error nos costaba una vida, y aunque me costara dominar mi naturaleza, no me permitiría ser un esclavo de ella.
—Alaya, Alaya… ¿por