KELLEN
Coloqué sus manos en mi pecho y la incité a tocarme. Necesita perder el miedo o quizá conmigo jamás lo haya tenido. Movió sus manos alrededor de mi cuerpo sin prisa y con calma, ante cada toque mi piel se erizaba más y más y mi polla resurgía como nunca lo había hecho.
—Eres tan hermosa, Breen —volví a besarla, pero esta ocasión con más urgencia. Recorrí cada parte de su excelso ser. Cada toque y cada caricia, quería que le borrara lo vivido a lado de esos malnacidos. Quiero que los olvi