AMINA
Llegué desde muy temprano al aeropuerto de Seattle, quería llamar a Kellen en ese momento; sin embargo, sé que sospechará, por ello me tocó esperar un par de horas para llamarlo. Entré a una cafetería y ahí decidí esperar por un tiempo. Prendí el computador portátil, puse una película para pasar el rato y cuando miré la hora, finalmente me decidí a llamarlo. No sabía muy bien qué pretexto inventarle, pero, aun así, lo llamé antes de arrepentirme.
—Amina, ¿pasa algo? —se escuchó un poco pr