El sábado por la noche, Isabel se preparaba sintiendo una extraña mezcla de terror y adrenalina. Había elegido un vestido negro, elegante y atemporal, una pieza que era tanto una declaración de poder como una armadura.
Jared llegó por ella. La cena, le explicó en el coche, era en parte de negocios. Ricardo, su amigo tenista, era un gran empresario y quería que Jared fuera su cliente. Esto, extrañamente, relajó a Isabel. Le daba a la noche un marco, una estructura.
Llegaron a "Brisa", el restaur