El Valle de los Pecadores se había convertido en un cementerio para miles de clones sin alma, pero el aire aún pesaba por los restos de magia del Vacío que se pudría.
Alaric Obsidian permanecía de pie frente al acantilado que miraba hacia el este –hacia la capital del clan Vane, que ahora parecía una hoguera en la distancia.
Su cuello aún conservaba una cicatriz circular de quemadura, un sello eterno que había elegido para acallar a Silas en su alma.
Ya no podía rugir, ya no podía gobernar c