El silencio de Alaric Obsidian era del tipo que pesa más que la explosión de un cañón.
Desde que el sello en su garganta le cerró la voz para siempre para encerrar a Silas, el Emperador se había convertido en una figura similar a una estatua de un dios de la guerra sediento de sangre.
En la sala principal de la Fortaleza del Norte, miles de jefes militares del clan Obsidian estaban arrodillados con la cabeza inclinada.
La atmósfera en la habitación era tan fría que el rocío helado cubría los