La Montaña de Mármol, que antes brillaba con el amanecer de plata, ahora estaba ahogada por un silencio más aterrador que cualquier tormenta.
En medio de los escombros de la tumba destruida, Lucian permanecía de pie firme.
El joven que solía tener un brillo cálido en sus ojos ahora solo dejaba ver una oscuridad profunda con un punto rojo latiendo en el centro de su pupila.
Su túnica ceremonial estaba rota, dejando al descubierto la marca de la maldición en su pecho, que ahora emitía una luz