El cielo sobre la carreta real parecía grisáceo, como si la propia naturaleza estuviera de luto.
El vehículo avanzaba lentamente cruzando la frontera del Valle de la Ceniza hacia el corazón del continente, escoltado por los restos de los caballeros de la luz que aún eran leales a Alaric.
Dentro de la carreta, amplia pero apretada por la tristeza, Aria estaba sentada apoyada en la pared de madera, sus ojos nunca se apartaban de la figura de Silas tendido frente a ella.
Silas ya casi no parecía