La noche en la Capital se sentía extraña. Dentro del pabellón médico más oculto del palacio, el aire olía a jazmín mezclado con el aroma metálico frío de la energía del Vacío.
Aria Crescent estaba sentada en una silla de madera junto a la cama de Silas, moviendo entre sus dedos un pequeño colgante un recuerdo de sus días de academia que, por milagro, seguía intacto.
Frente a ella, Silas parecía una estatua de cera que comenzaba a derretirse.
El proceso de eliminación de la existencia, desenca