El cielo sobre la Montaña de Mármol ya no era azul ni negro; se había convertido en un torbellino de colores plateados, dorados y púrpuras que deslumbraban los ojos.
Las esporas rojas que antes fueron una amenaza mortal ahora se congelaron en el aire, como si el tiempo mismo se hubiera arrodillado ante la presencia de la entidad que acababa de despertar.
Aria se encontraba en el centro de los escombros del Laboratorio Raíz del Mundo.
Su respiración se agarrotaba, su pecho ardía como si acabar