El Valle de los Antepasados se había transformado en un infierno helado. La flecha verde disparada por Erebus aún clavaba en el pecho de Aria, justo al lado del Corazón Solar que ahora latía débilmente.
Sangre dorada mezclada con tinieblas rezaba hacia afuera, empapando las flores blancas que ahora se marchitaban hasta volverse negras.
Aria se desplomó de rodillas, su mundo empezó a desvanecerse, mientras el pequeño Lucian seguía llorando sosteniendo el rostro de su madre.
Frente a ella, Alar