La noche en la cima de la Torre de la Media Luna estaba más fría que de costumbre, pero dentro de mí ardía una llama. Me senté en posición de meditación en el centro de un círculo de símbolos antiguos dibujados con polvo plateado. Alaric permanecía de pie en el umbral, velando para que ningún guardia ni miembro del consejo interrumpiera este proceso sagrado.
“Concéntrate, Aria,” sonó la voz de Alaric, calmada pero autoritaria, en mi mente a través de nuestro lazo espiritual. “No luches contra l