Los restos de la energía del ritual aún vibraban en el aire del Templo de la Luna, ahora parcialmente destruido. El olor a azufre y magia negra quemada picaba mis sentidos olfativos.
Sin embargo, mi único foco era uno: Alaric. El Rey de los Licántropos yacía débil en mis brazos, jadeando con sudor frío que empapaba su roto túnica ritual.
"Alaric, aguanta", susurré, mis manos temblaban mientras le acariciaba su amplia frente.
A través del nuevo vínculo que acababa de implantarse en mi alma, pod