El polvo residual de la explosión aún flotaba en el aire de la Capital, dándole un tinte gris angustioso a la plaza que solía ser magnífica.
En medio del cráter formado por el impacto desde el cielo, un objeto extraño latía con un ritmo amenazante.
Se trataba de un huevo de cristal gigante, de tres metros de altura, cuya superficie era transparente pero brillaba como una gema negra disuelta en plata.
En su interior, se veía la silueta de un joven acurrucado en posición fetal: Lucian, el prín