El mundo no se destruyó por el fuego, sino por el sonido. Era un gemido profundo que surgía de las entrañas de la tierra, una frecuencia tan inmensa que hizo que los océanos de todo el planeta se retiraran drásticamente en cuestión de segundos.
En las costas, millones de toneladas de agua desaparecieron hacia la oscuridad del horizonte, dejando al descubierto lechos de coral secos y los cascos oxidados de antiguos barcos hundidos.
En el Bosque Blackroot, Alaric se mantenía en pie con la respir