El cielo sobre el Valle de los Pecadores ya no era grisáceo; se había transformado en un lienzo rojo oscuro que palpitaba, como si la propia atmósfera estuviera sufriendo una hemorragia mortal.
Alaric Obsidiana yacía tendido en el fondo del cráter, jadeando, dejando huellas de sangre dorada sobre las rocas negras.
Su poder de Ruina Obsidiana se había apagado, y por primera vez en la historia de su reinado, el Emperador parecía verdaderamente destruido.
Frente a él, los restos de la esencia de