El Bosque Prohibido ya no era solo un lugar de árboles ancestrales en silencio; ahora, se convirtió en testigo muda del colapso del ego de un hombre que se consideraba un dios.
Silas Vane yacía postrado sobre el suelo empapado de su propia sangre negra.
Su cuerpo destrozado por la corrosión del Vacío temblaba violentamente mientras sostenía la Copa Aethelgard, un artefacto ancestral capaz de diseccionar la ascendencia hasta las raíces más profundas del alma.
Frente a Silas, Lucian permanecía de