El mundo de Silas se había reducido al alcance de sus manos en medio de la densa niebla del Bosque Prohibido.
El olor de la sangre seca en su túnica se mezclaba con el aroma de musgo podrido capaz de adormecer los sentidos.
Ya no era el soberano que se sentaba en un trono de marfil; era solo una presa herida, arrastrándose entre raíces de árboles que parecían dedos gigantes intentando arrastrarlo hacia la tierra.
"Lucian..." murmuró, cada vez que el dolor en su pecho latía. Ese nombre ya no e