Los gritos de miles de clones ardiendo llenaron el aire bajo el Templo de la Luna de Plata, creando una cacofonía más aterradora que una tormenta eléctrica.
Alaric Obsidiana se encontraba de pie en medio de una charca de líquido plateado, ahora contaminado por sangre negra.
Cada vez que su espada cortaba, una copia suya o de su esposa se desmoronaba en fragmentos de cristal.
Sin embargo, la atención de Alaric ya no se centraba en los miles de enemigos frente a él, sino en la escena desgarrad