El silencio que siguió a la explosión de la isla de recuerdos se sentía infinitamente más aterrador que cualquier terremoto.
La luz plateada que había engullido a Alaric y a la masa de carne de Chloe se desvaneció lentamente, dejando una pequeña brecha negra en el aire que chisporroteaba antes de cerrarse por completo.
Alaric había desaparecido. Sin cuerpo, sin voz, solo polvo dorado que flotaba suavemente hacia el océano ahora congelado bajo el poder de Lucian.
En el horizonte, la gigantesca