El viento helado proveniente del océano congelado azotó el rostro de Alaric, pero ese frío no era nada comparado con el vacío que vio en los ojos de su hijo.
La mano de Lucian, ahora recubierta por una oscura y densa energía, aferró el cuello de Alaric con una fuerza capaz de aplastar el acero. Alaric, en su nueva forma como el Rey Olvidado, no empuñó su espada.
Dejó que su aliento se entrecortara mientras miraba fijamente a los ojos de Lucian, ahora divididos entre el dorado divino y la obsi