El cielo sobre la capital de la Luna de Plata ya no lucía el magnífico azul plateado que la caracterizaba; se había convertido en un lienzo negro desgarrado por lenguas de fuego rojizo.
El olor a hollín, a madera de yate antigua derrumbándose y al aroma metálico de la sangre derramada llenaba el aire que antes era puro.
En la cima de la torre más alta, la bandera plateada con el símbolo de la media luna emblema de mil años de poder ahora estaba rota y yacía en el suelo, pisoteada por las bota