León la acorraló contra la pared de espejos y puso sus manos a ambos lados de la cabeza de ella, atrapándola, estaba tan cerca que podía olerla.
Deja de jugar —susurró León. Su respiración agitada golpeaba el rostro de ella—. Mírame y dime que no eres tú.
No sé de qué me habla —dijo ella, sosteniend