—Quitamos el jardín.
—No.
—Victoria, son casi dos millones.
—No.
—Entonces cambiamos la fachada.
—Tampoco.
La arquitecta junior dejó caer el lápiz.
—¿Qué demonios quieres que eliminemos?
Victoria miró los planos extendidos sobre la mesa, llevaban diecinueve horas trabajando. Habían dormido quizá dos