Victoria despertó porque algo le hacía cosquillas en la espalda. Abrió un ojo, Darío tenía la cara hundida contra su cuello y una mano debajo de la sábana, abrazándola por la cintura.
—¿Qué hora es?
—No importa.
—Eso significa que es tarde.
—Estamos de luna de miel.
Victoria buscó el teléfono sobre