—¡Papá, no!
El grito atravesó la casa. Victoria levantó la vista de la computadora. Silencio, después escuchó la voz de Darío.
—No le digas a tu madre.
Victoria cerró los ojos.
—Darío.
Otro silencio, pasos pequeños corrieron por el pasillo. Una niña de dos años y medio apareció en el estudio con cho