Capítulo 299
Darío no respondió.

Victoria seguía sentada al borde de la cama con aquella maldita hoja entre los dedos. El papel estaba arrugado por los años, pero las palabras seguían intactas.

Esto fue un error imperdonable. Por favor, olvídalo.

—Te pregunté por qué la guardaste.

Darío cerró la puerta del dormi
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