—Me vendría de maravilla un baño, la verdad —admitió León, frotándose la nuca—. Pero primero quiero llevarla a su cuarto.
León agarró la sillita de nuevo y caminó hacia las escaleras. Nuria fue detrás de él, sintiendo el cuerpo pesado pero el corazón ligero. Subieron a la segunda planta y entraron a