Casi sin pensarlo, su mirada se desvió hacia Derek. Él giró la cabeza en el mismo momento, como si hubiera sentido sus ojos puestos en él, con el peso de su atención tirando de su dirección. Sus miradas se cruzaron al instante, la de él afilada e indescifrable.
Por un segundo, ninguno de los dos se movió. Luego Olivia apartó la vista, devolviéndola a su plato y concentrándose con demasiada firmeza en su comida mientras se llevaba otro bocado a la boca.
—Hay una invitada en la mesa, chicos —dijo